Por: Yorik Rafael Piña, Psicólogo clínico
“Cuando humillas a una persona privada de libertad y le quiebras la voluntad, el amor propio y ofendes su dignidad, se convierte en un demonio”. Roberto Santana, director de Servicios Penitenciarios de la República Dominicana.
Esta contundente sentencia del maestro de la
reforma carcelaria dominicana encierra una verdad científica e institucional
ineludible. El viejo modelo carcelario dominicano, concebido como un depósito
de castigo, dolor y hacinamiento, no rehabilitaba a nadie; al contrario,
operaba como una fábrica de resentimiento donde se planificaban homicidios,
secuestros y toda clase de actividades delictivas transnacionales. Hoy, bajo el
firme liderazgo de la ONAPREP, el país transita hacia una transformación histórica
con centros como Las Parras, diseñados para devolver la dignidad humana como
base obligatoria para la reinserción social.
Sin embargo, esta transición enfrenta dos grandes
enemigos: la nostalgia de los defensores del viejo modelo de impunidad y,
lamentablemente, la profunda ignorancia de muchos padres, madres y familiares
de los propios internos.
El Boicot bajo el Disfraz de la "Falta de Higiene"
Hace unas semanas, un familiar intentó introducir sustancias psicoactivas
ocultas con alarmante creatividad dentro de un zapato en Las Parras. Al ser
descubierto por los Vigilantes de Tratamiento y Penitenciarios (VTP), se
desataron protestas planificadas dentro del penal. Inmediatamente, voces
defensoras de las viejas "cárceles mercado" aprovecharon la coyuntura
para denunciar falsamente que Las Parras es un "fracaso", alegando
que la administración prohíbe la entrada de jabones, papel higiénico u otros objetos
personales entregados por las familias.
Lo que estas voces callan deliberadamente es que
esos objetos cotidianos han sido históricamente los recipientes favoritos para
introducir drogas, armas y dinero en efectivo. En un modelo que garantiza
alimentación adecuada, atención médica y productos de higiene de manera
institucional y gratuita, la insistencia de los familiares por ingresar estos
elementos no es un acto de necesidad; es, en muchos casos, complicidad e
ignorancia que sabotea activamente el proceso de rehabilitación del interno.
El Origen del Daño: El Abuso Infantil y la Génesis de la Conducta
Antisocial
Para curar una enfermedad, primero debemos diagnosticar sus causas. La
conducta adaptativa o desadaptativa de un individuo no surge de la nada; se
construye de forma paulatina a lo largo del desarrollo. La personalidad es un
edificio edificado sobre bases biológicas e interacciones ambientales
tempranas.
El estrés tóxico en la infancia inunda el cerebro
infantil de cortisol, atrofiando el correcto desarrollo de la corteza
prefrontal, el área encargada del control de impulsos y la toma de decisiones
críticas.
Cuando las agencias primarias de formación del
niño (el hogar, la escuela y la comunidad) fracasan en proveer afecto, límites
claros y una alimentación adecuada que nutra las funciones cerebrales, el
cerebro del niño entra en un estado de alerta y autodefensa biológica. El
resultado inevitable es el surgimiento de conductas desadaptativas en la
adolescencia.
El Círculo Vicioso del Retorno al Encierro
La gran tragedia de nuestro sistema es que a miles de estos adolescentes
con problemas de conducta no se les proporcionó en su momento un tratamiento de
remisión oportuno ni una terapia paternal adecuada. Al cumplir la mayoría de
edad, esos mismos jóvenes reinciden en el delito y regresan a los centros de
reclusión, pero esta vez convertidos en adultos con diagnósticos más severos,
mayor nivel de violencia y una alarmante desconexión con las normas de
convivencia social.
La ONAPREP está haciendo su parte levantando
infraestructuras dignas y garantizando los derechos fundamentales intramuros.
Es hora de que las familias dejen de ser cómplices de las adicciones y el
delito dentro de los penales. La reinserción social no se logra introduciendo
drogas camufladas en el calzado o en pastillas de jabón; se logra asumiendo con
responsabilidad el tratamiento clínico y la transformación mental de quienes
hoy pagan su deuda con la sociedad. O defendemos el orden y la dignidad científica
en las aulas y pabellones, o devolvemos las cárceles al control de la barbarie
y el crimen organizado.
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