martes, 14 de julio de 2026

¿REINSERCIÓN SOCIAL O CÓMPLICES DEL RETORNO AL INFIERNO?

 Por: Yorik Rafael Piña, Psicólogo clínico

“Cuando humillas a una persona privada de libertad y le quiebras la voluntad, el amor propio y ofendes su dignidad, se convierte en un demonio”. Roberto Santana, director de Servicios Penitenciarios de la República Dominicana.

Esta contundente sentencia del maestro de la reforma carcelaria dominicana encierra una verdad científica e institucional ineludible. El viejo modelo carcelario dominicano, concebido como un depósito de castigo, dolor y hacinamiento, no rehabilitaba a nadie; al contrario, operaba como una fábrica de resentimiento donde se planificaban homicidios, secuestros y toda clase de actividades delictivas transnacionales. Hoy, bajo el firme liderazgo de la ONAPREP, el país transita hacia una transformación histórica con centros como Las Parras, diseñados para devolver la dignidad humana como base obligatoria para la reinserción social.

Sin embargo, esta transición enfrenta dos grandes enemigos: la nostalgia de los defensores del viejo modelo de impunidad y, lamentablemente, la profunda ignorancia de muchos padres, madres y familiares de los propios internos.

El Boicot bajo el Disfraz de la "Falta de Higiene"

Hace unas semanas, un familiar intentó introducir sustancias psicoactivas ocultas con alarmante creatividad dentro de un zapato en Las Parras. Al ser descubierto por los Vigilantes de Tratamiento y Penitenciarios (VTP), se desataron protestas planificadas dentro del penal. Inmediatamente, voces defensoras de las viejas "cárceles mercado" aprovecharon la coyuntura para denunciar falsamente que Las Parras es un "fracaso", alegando que la administración prohíbe la entrada de jabones, papel higiénico u otros objetos personales entregados por las familias.

Lo que estas voces callan deliberadamente es que esos objetos cotidianos han sido históricamente los recipientes favoritos para introducir drogas, armas y dinero en efectivo. En un modelo que garantiza alimentación adecuada, atención médica y productos de higiene de manera institucional y gratuita, la insistencia de los familiares por ingresar estos elementos no es un acto de necesidad; es, en muchos casos, complicidad e ignorancia que sabotea activamente el proceso de rehabilitación del interno.

El Origen del Daño: El Abuso Infantil y la Génesis de la Conducta Antisocial

Para curar una enfermedad, primero debemos diagnosticar sus causas. La conducta adaptativa o desadaptativa de un individuo no surge de la nada; se construye de forma paulatina a lo largo del desarrollo. La personalidad es un edificio edificado sobre bases biológicas e interacciones ambientales tempranas.

 Desde la perspectiva científica, existe una lógica profunda en el desarrollo del comportamiento. La carga genética codificada en el ADN de una persona interactúa de manera constante con el entorno a través de procesos epigenéticos guiados por el ARNm (ARN mensajero). Las experiencias tempranas de abuso infantil, maltrato físico, desprecio verbal y negligencia afectiva actúan como interruptores químicos que alteran la expresión génica.

El estrés tóxico en la infancia inunda el cerebro infantil de cortisol, atrofiando el correcto desarrollo de la corteza prefrontal, el área encargada del control de impulsos y la toma de decisiones críticas.

Cuando las agencias primarias de formación del niño (el hogar, la escuela y la comunidad) fracasan en proveer afecto, límites claros y una alimentación adecuada que nutra las funciones cerebrales, el cerebro del niño entra en un estado de alerta y autodefensa biológica. El resultado inevitable es el surgimiento de conductas desadaptativas en la adolescencia.

El Círculo Vicioso del Retorno al Encierro

La gran tragedia de nuestro sistema es que a miles de estos adolescentes con problemas de conducta no se les proporcionó en su momento un tratamiento de remisión oportuno ni una terapia paternal adecuada. Al cumplir la mayoría de edad, esos mismos jóvenes reinciden en el delito y regresan a los centros de reclusión, pero esta vez convertidos en adultos con diagnósticos más severos, mayor nivel de violencia y una alarmante desconexión con las normas de convivencia social.

 Por ello, la propuesta que defendemos desde la Fundación Amigos Del Mundo Inc. (AMIMUNDO) cobra un valor de emergencia nacional. Transformar el sistema exige un psicólogo clínico por cada 25 internos que trabaje semanalmente durante 45 minutos en deconstruir el trauma de infancia, sanar el resentimiento y dotar al interno de un nuevo sentido de vida.

La ONAPREP está haciendo su parte levantando infraestructuras dignas y garantizando los derechos fundamentales intramuros. Es hora de que las familias dejen de ser cómplices de las adicciones y el delito dentro de los penales. La reinserción social no se logra introduciendo drogas camufladas en el calzado o en pastillas de jabón; se logra asumiendo con responsabilidad el tratamiento clínico y la transformación mental de quienes hoy pagan su deuda con la sociedad. O defendemos el orden y la dignidad científica en las aulas y pabellones, o devolvemos las cárceles al control de la barbarie y el crimen organizado.

 

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