Suecia es una nación con una
sólida tradición cultural donde las familias cuentan, por lo general, con las
herramientas necesarias para la formación en valores de sus hijos, además de
tener resueltas sus necesidades socioeconómicas básicas. Asimismo, disponen de
un cuerpo docente altamente formado y remunerado para enfocarse exclusivamente
en la excelencia académica. En nuestro país, la realidad es drásticamente
distinta.
Nuestros desafíos educativos
son profundos:
·
Brecha en el aprendizaje: Según un estudio del
sociólogo Julio Cuevas (UASD), los bachilleres evaluados en su momento apenas
alcanzaban el nivel de conocimiento equivalente a un sexto curso de educación
básica.
·
Resultados internacionales: El informe PISA sitúa a la
República Dominicana en los últimos lugares a nivel global (lugar 79 de 81 en
Matemáticas; 77 de 81 en Ciencias; y 74 de 81 en Lectura).
Bajo estas condiciones
estructurales, es imposible aplicar los criterios de realidades tan distantes
como la sueca. Por ello, sostengo que —mientras logramos transformar el sistema
educativo— los maestros, psicólogos educativos y orientadores deben asumir un
rol activo como asesores de las familias en la formación en valores.
Esta afirmación no nace de la
teoría, sino de la experiencia práctica: 60 años observando la conducta de los
adolescentes y brindando asistencia a privados de libertad me otorgan el
criterio para respaldarlo. En los 35 años al frente de la Fundación Amigos Del
Mundo Inc. (AMIMUNDO), hemos sistematizado estas observaciones en 8 obras
publicadas.
Hace más de dos décadas, el
psicólogo clínico Bolívar Féliz me dio un consejo visionario: «Escribe tus experiencias; no te las
lleves a la tumba». A mis 82 años, confío en que este legado mantenga su
vigencia para quien decida ponerlo en práctica. Cientos de jóvenes de los años
70 son hoy testigos de excepción de cómo el sistema monitorial, la terapia
paternal y la formación en valores moldearon a hombres y mujeres de bien,
útiles a la comunidad.
No podemos copiar soluciones
extranjeras sin mirar nuestra realidad social: educar en valores es, hoy más
que nunca, una tarea compartida urgente.

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