miércoles, 19 de octubre de 2016

El Barahona de Ayer no le tenemos, el de hoy no lo merecemos. Construyamos un Barahona mejor

Por Luis Matos
Una realidad que vivimos día por día, el Barahona de ayer se nos fue de las manos por la necesidad de emigrar en busca de una mejor salida a las condiciones que nos daba macondo. 

En nuestro Barahona de ayer, las necesidades económicas y la poca fuente de producción obligaban a los jóvenes del momento a terminar el bachillerato y enfocarse a una nueva vida de exploración en el centro de la nación {capital} donde era una obligación, si de verdad tenía la determinación de adquirir conocimientos académicos, ya que no teníamos en la provincia un centro de alta educación y se nos hacía obligatorio la emigración hacia la única posibilidad de estudio y superación: la UASD.

Ahí recibíamos la formación como hombres de bien; pero Barahona perdía un hijo desarrollista por no garantizarle una plaza de trabajo, al concluir sus estudios académicos. Como anécdota puedo decir que fue tanto los que perdimos que hace unos diez años, estando junto al Dr. Edgar A feliz Méndez, en una mañana cualquiera de visita en un local, nos encontramos con unos de los prominentes doctores de la República Dominicana, nacido y criado en Barahona, hijo del odontólogo Lembert, unos de los hombres que amaba esta patria chica, y el Dr. Edgar le preguntó por Barahona y su repuesta fue muy negativa. En ese entonces el acababa de regresar de Cuba donde había concluido una especialidad del corazón, pero no tenía interés alguno en prestar sus servicio en su natal Barahona. Entendiendo su posición me pregunté si esto era los que nos esperaba. Perdíamos el interés de regresar a donde la vida nos ofertó tanta felicidad de infancia y después que superamos los estándares académicos no teníamos ninguna posibilidad de retorno debido a la falta de crecimiento de la región.

De la misma manera encontramos cientos de barahoneros que expresan las mismas necesidades de nuestro macondo y comprendiendo sus exposiciones de  sacrificio, de estudio y preparación para no poder ni siquiera vivir decentemente en su provincia natal.

El Barahona que vivimos hoy es un Barahona desconocido y sin garantías, que ahuyenta,  más aun,  a los barahoneros que un día disfrutaron de libertad y hermandad en el pueblo que le brindo una infancia feliz, pero que hoy no le garantiza ni siquiera la paz de compartir con los viejos amigos y pone en peligro lo más preciado del ser humano: la propia vida, lo que nos coloca más distante aun del Barahona de ayer.

Esto nos coloca en una posición de alejamiento a un retorno de pensar en proyectos  desarrollistas de la provincia, negándole a Barahona las posibilidades de tener los médicos que necesitamos para atender  un hospital de traumatología,  especialistas en cáncer, especialistas en todos las ramas de la medicina como acontece en los países desarrollados, en donde el índice de mortalidad es muy bajo

Estando en una nación donde el dinero es abundante como se ha demostrado, se debe estar pensando en un hospital para una región o debería de proyectarse un hospital para cada provincia y así tener seguridad médica, garantía y seguridad ciudadana.

Al referirme a construir un Barahona mejor es con los aportes de todo el conglomerado social que se desarrolla en la región o provincias que la conforman. El trabajo que se está ejecutando, sin aporte de las autoridades locales y mucho menos estatales, en Barahona bajo la dirección de Yorik Pina y Barahona 3, tiene como principio la reeducación de los jóvenes que exhiben conductas desadaptativas o inapropiadas, indeseables y la inserción a una posibilidad de ser hombres de bien a la sociedad y la nación.


Solo como estamos nos será muy cuesta arriba lograr lo que queremos. Necesitamos de la ciudadanía y el apoyo de los empresarios para poder aplicar con eficacia el programa de reeducación para  jóvenes traviesos, con el fin de lograr el Barahona que todos queremos, el Barahona romántico lleno de paz y hermandad, donde nuestros jóvenes se enfoquen más en la competencia deportiva que en  delincuencia, por adquirir nombre lleno de falsedades, que la moral y cívica tenga el impacto que dio a los del Barahona de ayer, y así tener la paz  de una nación con luz propia, donde la esperanza no sea desvanecida por jóvenes que no cren en la sociedad donde se desarrollan, que las necesidades no sean tan abismales y les lleve a delinquir. Siempre será mejor prevenir que condenar.  Nuestra sociedad está enfocada en condenar antes que prevenir con sistemas y políticas de Estado que no han dado en el clavo para siquiera aliviar los males que nos aquejan desde hace décadas. 

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