martes, 17 de abril de 2012

Yassir Féliz: La llamada Más Difícil De Mi Vida

Por Yassir Féliz (chukunaky@hotmail.com)

El cuerpo sin vida de Luis Jorge Féliz De La Rosa,
 de 14 años de edad, mientras yacía sobre la carretera 
Caminaba con un equipo de jóvenes hacia El Alto de Cabral. Habíamos ido allí a hacer unos contactos propios de una actividad a la que concurríamos. Sin embargo, jamás pensé que esa parada podía ponerme en el lugar y momento que más complicado de mi vida.

“Se ahogó un niño en el Yaque” dijo mientras corría hacia nosotros una despavorida joven de menos de 18 años de edad. Al escuchar tan tenebrosa noticia, mi mente se entristeció, mi corazón empezó a latir más rápido de lo normal; mis piernas empezaron a fallar y un sin número de malos pensamientos pasaron por mi cabeza, porque esa misma mañana, mi cuñada me había llamado para decir “cuida al niño, pues me hice un feo sueño con él y agua”.

Pese a que sabia que mi hijo estaba fuera de todo eso, me monté en el carro y junto a los otros muchachos y corrí a percatarme de que tan cierta era esa desgracia. Salí con miedo, a pesar de estar consciente de que no podría ser él.

Al llegar y ver el cuerpo inerte de un jovencito de 13 ó 14 años en la calle que conduce a El Peñón, y puede respirar; más mi corazón se afligió más, pues albergaba la esperanza de que la información fuera falsa y que la misma haya sido una “bola”. Lamentablemente no fue así.

Minutos antes, el jovencito fue sacado del agua por mozalbete, el cual intentó todas las técnicas para devolverle la vida infructuosamente. Ya la calle estaba llena de gente cuando alguien dijo !llamen a la policía!. Tome mi teléfono y así lo hice.

¡Aló buenas. Comandante, llamo para informarle de un niño ahogado en la carretera Cabral-Peñón, a escasos 250metros de la caseta de medioambiente!  Le dije al policía que tomó la llamada. “Ok, ok. Ya lo sabemos” me contestó toscamente el policía e inmediatamente cerró el teléfono.

Treinta segundos después, unos gritos alarmantes se abrían paso entre la multitud. Era la madrastra del niño, quien entre nervios y llantos se lanzó sobre el cuerpo sin vida de su hijastro. Me despegué de la escena con los ojos llorosos porque nunca he podido contener las lágrimas cuando una madre o padre lloran la perdida de un hijo.

Camine entre la multitud hasta que le saqué el cuerpo a aquella fúnebre y espantosa escena; pero algo más estaba decidido por Dios para que yo hiciera. De la nada, apareció nuevamente la madrastra del niño con sus espantosos gritos. Se pegó a mi y con sus nervios de punta me dijo: “Llama al papá y díle lo que pasó. El esta trabajando fuera de Cabral, pero ayyyyyyy llámalo, llámalo, llamaloooooo!!”

Tome teléfono en manos y le pedí el numero del padre del niño. No se de donde esa mujer sacó fuerzas para recordar de memoria el número de teléfono.“¿Cómo se llama el padre?” le pregunté. “El Poli” me dijo sin titubear.

“Aló, Poli” le dije. “Si dígame.” me contestó. Y le dije: “Lo llamo para decirle que pasó una desgracia en Cabral........ Su hijo se ahogó.” La llamada no se cortó, pero si escuché un teléfono caer, unos motores encender, gente llorando y a un desesperado padre exclamar con amargura: “Ay se murió mi hijo. Se me murió hijo.”

Horas después, esa noche, ya en el velorio de una humilde vivienda del Barrio Abajo, supe que el niño se llamaba Luis Jorge Feliz De La Rosa, de 14 años de edad, y que estaba solo pasando el asueto de Semana Santa en Cabral, pues vivía con su madre en Barahona.

¡Cuan dura es la vida, que difícil es la muerte, cuan profundo es el dolor, y que pena tan malvada el ver morir a alguien cuando empezaba a vivir!

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